Volar con un bebé

Publicado el 2017-05-19 15:50en Recomendaciones

Después de una interminable sucesión de meses amamantando, cambiando pañales y durmiendo en incómodas cuotas, puede pasar que nos den ganas de “volver a la vida”. Que no se malinterprete: no hay felicidad más grande que seguir de cerca el minuto a minuto de los primeros meses de nuestro bebé, ver cómo se desarrolla y tener la oportunidad de mostrarle el mundo. Viajar con bebés resulta entonces un interesante punto medio, salimos un poco del cascarón casero y a la felicidad de descubrir lugares nuevos se le suma la de hacerlo con nuestro hijo, para quien absolutamente todo es novedad.

Para quienes estén a punto de embarcarse en esta aventura, van algunas recomendaciones sobre volar con bebés en un mundo hecho a la medida de los adultos:

 

1- Armate de paciencia

Todos aman a los bebés, durante media hora. Un vuelo de once horas sin escalas es otro cantar. Ser amable y respetuoso sin dejar que te pasen por encima es un arte que vas a tener que dominar, porque tu bebé no puede pedir perdón por las molestias causadas, pero vos sí. Generalmente con unas disculpas sinceras basta y sobra.

 

2-Tema asientos: planificá con tiempo

La mayoría de las aerolíneas y un gran número de padres experimentados recomiendan que el asiento del bebé esté del lado de la ventanilla, para evitar que bloquee la circulación de otros pasajeros. Otro truco es elegir los asientos lo más al frente del avión posible, ya que la cola del avión es la sección que más se mueve y más ruido hace durante el viaje. La clave para poder elegir es hacerlo con anticipación.

 

3-Dividirse y conquistar
La mayoría de las aerolíneas tienen la política de no dejar que los pasajeros con hijos hagan el pre-abordaje, para asegurarse de que no haya complicaciones con el resto de los pasajeros. Algo que podés hacer es dividir roles con tu pareja: que uno trate de abordar lo antes posible para ir instalando la sillita y ocupando el compartimento de carry-on y otro suba a lo último con el bebé. De esta manera minimizás los riesgos de golpes, apretujones o molestias que tendrías si abordás en el momento en que lo hace el grueso de los pasajeros.

 

4-¡Los oídos!

Todos estuvimos ahí: el avión comienza su descenso y el cambio de presión en el oído interno empieza a molestarnos. Claro que para un adulto es más simple lidiar con esto: se masca chicle, se aguanta y se piensa en lo bien que lo vamos a pasar luego del aterrizaje. Pero los bebés no pueden hacer nada de esto, así que tenemos que encontrar maneras de disminuir esta molestia con un chupete, un mordillo o lo que sea que nuestro hijo prefiera masticar durante esos minutos. Tomá especial precaución si estuvo resfriado, ya que esto hace más molesto el descenso: descongestivos antes y durante el vuelo pueden ayudar mucho, siempre respetando las indicaciones del médico y las instrucciones de administración que vienen en el envase.

 

5-Llevá un “extra” de todo

Aquello que llamamos “practicidad” puede cambiar con el tiempo. Cuando tenés 25 ser práctico es llevar lo justo, para viajar liviano y moverte tranquilo. Cuando viajás con tu hijo, ser práctico es JAMÁS quedarte sin pañales y toallitas húmedas. Una escala que se prolonga más de lo esperado puede hacerte entender lo crucial de este punto. No estamos diciendo que te lleves el pack entero, simplemente se trata de no llevar lo justo porque estas cosas pasan y estando preparado, se la pasa mejor.

 

Ojalá que esta guía sea el principio de un hermoso viaje familiar, si ya estuviste ahí y tenés más recomendaciones y trucos, te invitamos a dejarnos tu comentario!